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Los superficiales: el caso de los influencers en educación



En el pasado fui un buzo en un mar de palabras. Ahora me deslizo por la superficie como un tipo sobre una moto acuƔtica.

Nicholas Carr



Edutubers

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Hace poco mĆ”s de un aƱo escuchĆ© decir a un supervisor de secundaria: ā€œLos Edutubers son para profesores ā€˜huevones’ que quieren todo peladito y en la bocaā€. Meses despuĆ©s, otro supervisor, ahora de primaria, nos recomendó seguir a un famoso Edutuber: ā€œda muy buenos consejos y nos mantiene al dĆ­a de lo que pasa en la SEPā€, comentó. Este Ćŗltimo supervisor tambiĆ©n acostumbraba a comprarle al Edutuber en cuestión sus presentaciones. AsĆ­, una autoridad educativa lo denostaba y la otra lo recomendaba, ĀæquĆ© pensar de ello?

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En términos amplios, un Edutuber es un usuario de YouTube que publica y produce videos relacionados con la enseñanza. En la mayoría de los casos son profesores que encuentran en esta red social una manera de dirigirse a un público mÔs allÔ de su salón de clases (Albarello, Arri y García, Edutubers: Docentes en pantallas, 2004). Sin embargo, el tipo de Edutubers a los que hago referencia no son los que dan clases de matemÔticas o de historia sino aquellos que son productores de contenidos para docentes y directores de educación bÔsica.

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En el contexto mexicano destacan cuatro Edutubers, de los cuales ā€œSoy docenteā€ es quien tiene mayor audiencia con casi un millón de suscriptores. Los tres restantes suman, entre los tres, alrededor de 750 mil. Le preguntĆ© a ChatGPT cuĆ”ntos seguidores debe tener un influencer para considerarse como tal y me contestó lo siguiente: ā€œun microinfluencer tiene entre mil y cien mil seguidores; los influencers medianos entre cien mil y un millón seguidores y los macroinfluencers, mĆ”s de un millónā€. Si seguimos esta medida, ā€œSoy docenteā€ estĆ” a muy poco de convertirse en macro influencer. Por su parte, los tres edutubers restantes, al tener menor audiencia, se consideran de alcance mediano.

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Durante el debate de los libros de texto, un colega pedagogo me advirtió que en el canal ā€œSoy docenteā€ se habĆ­an referido a una participación mĆ­a en una entrevista de radio o tv (no recuerdo muy bien) y me envĆ­o la liga, fue asĆ­ que conocĆ­ su canal.

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Al ver algunos de sus videos recordĆ© el ibro ā€œSuperficialesā€ de Nicholas Carr. En Ć©l, el autor reflexiona sobre lo que internet estĆ” haciendo con nuestras mentes. La respuesta que ofrece es que nos ha convertido en una audiencia superficial. El autor da cuenta del costo cognitivo que supone utilizar los atajos informativos y recibir los insumos ya digeridos por un mediador, en este caso el influencer. Uno de los cambios culturales de las sociedades actuales es tomar la información no por fuentes autorizadas sino por X (antes twitter), Youtube o Tik Tok, entre otros. Esto, segĆŗn Carr, pasa factura a la capacidad de pensar reflexiva y crĆ­ticamente .

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Durante la implementación de la Nueva Escuela Mexicana, el acadĆ©mico Ɓngel DĆ­az Barriga arremetió contra los edutubers. En una diapositiva expresó: ā€œlos maestros saben, los edutubers hacen dineroā€. En esa misma presentación y refiriĆ©ndose a la venta de planes analĆ­ticos, la rectora de la Universidad Pedagógica Nacional Dra. Rosa Ma. Torres comentó: ā€œsi se los quieren comprar a los youtubers yo no me opongo, cada quien mantiene a quien quiere, yo mantengo a mi hijo porque quiero, si ustedes quieren mantener a un youtuber, mantĆ©ngalo, cada quien es libre de mantener a quien quieraā€.

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Una de las formas de monetización del canal ā€œSoy docenteā€ es a travĆ©s de membresĆ­as. Los costos por mes son:

  • De estudiante a docente: $25.00

  • Docente inicial: $69.00

  • Silver (Mis apuntes): $125.00

  • Docente Oro: $299.00

  • Docente Platinum: $649.00

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Como es de suponerse cada nivel permite el acceso a mayor contenido.

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Así, la crítica de ambos académicos a los edutubers se centró en la monetización que hacen en su canal. Aseguran que los edutubers han ganado dinero comercializando formatos y haciendo videos explicando la Nueva Escuela Mexicana (NEM). Lo que no señalaron es el vacío o ineficiencia de la SEP en la formación docente respecto a dicha reforma así como la débil y contradictoria comunicación que se vivió en el proceso de difusión e implementación de la misma.

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Antes las declaraciones de los académicos, los edutubers defendieron la calidad de sus contenidos señalando que la SEP genera información deficiente que no conecta con el magisterio.

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Por mi parte, no centro mi crítica en la generación de ganancias por la monetización de los videos o la comercialización de los materiales de trabajo (presentaciones de los CTE, cursos, conferencias especiales, manuales, guías de estudio para la promoción de USICAMM, fichas, programas analíticos, entre otros). Lo que me preocupa es la calidad de los mismos. Un ejemplo:

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En ā€œSoy docenteā€ hay un video donde a partir de un formato, el conductor del canal y otros edutubers, ā€œconstruyeronā€ en pocos minutos una secuencia del programa analĆ­tico. Uno de ellos cortaba y pegaba de aquĆ­ y allĆ” PDAs (Progresiones de Aprendizajes), incluĆ­a los ejes articuladores, los campos formativos. En muy poco tiempo lograba armar un documento para dar cumplimiento a la solicitud de la autoridad educativa.


El tema de usar formatos ha merecido una fuerte crĆ­tica en mi mĆ”s reciente libro: ā€œCómo dirigir una escuela hoyā€. Este tipo de prĆ”cticas, desde mi punto de vista, dice mucho de la cultura escolar que requiere estructuras predeterminadas para planear o elaborar una propuesta la cual tendrĆ­a que ser construcción personal, original, libre y creativa.

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A pesar de que el video no desarrolla una mejor comprensión de diseño curricular ni ofrece herramienta alguna de corte didÔctico o pedagógico, tiene 200 mil vistas y 183 comentarios. Un éxito mediÔtico (cuestionable desde el punto de vista pedagógico).

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Que un video con bajo aporte en la comprensión de la reforma tenga tal nivel de aceptación debería preocuparnos pero no por el dinero que ganen los creadores sino por la precaria recepción crítica de los consumidores para validar un contenido.

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Tiktokers

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Hace algunas semanas al dar una clase de la licenciatura en pedagogĆ­a en la UNAM, una estudiante puso como ejemplo aprobatorio una idea de una influencerĀ de TikTok que se hace llamar ā€œmaestra miel de mapleā€. Fue asombroso para mĆ­ darme cuenta que gran parte de mi grupo la conocĆ­a. Al llegar a casa busquĆ© en la plataforma a la famosa maestra.

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Sus contenidos son mayoritariamente descripciones de actividades de aula para sus estudiantes de primaria baja. Uno de sus videos de mayor Ć©xito es de ā€œcierre de proyectoā€ el cual consistió en la simulación de unaĀ autocinema. La docente, en su faceta de influencer,Ā preparó automóviles hechos de cartón, estacionamiento, palomitas, una sĆ”bana que funcionaba como pantalla y una bocina. Desde una valoración pedagógica, y a pesar de que el video alcanzó medio millón de vistas y mĆ”s de 4 mil comentarios, el video es un claro ejemplo del tipo de actividades que se deben evitar como cierre de proyectos: parafernalia innecesaria, estrategias de poca carga cognitiva, estudiantes como observadores pasivos del tinglado que monta su maestra y, por ende,Ā la poca o nula participación, creación, involucramiento de los niƱos y niƱas en las actividades. La actividad nunca reflejó algĆŗn tipo de aprendizaje. Hubiera sido mĆ”s oportuno hacerla para diversión un dĆ­a del niƱo. Si los docentes toman ideas de ese nivel como ejemplo de cierre de proyectos estamos en la superficie o como decĆ­a Carr, siendo superficiales.Ā 

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Sorprendida por el consumo masivo de estos videos le preguntĆ© a una pedagoga que me apoya como asistente de investigación si ella los conocĆ­a. No sólo me confirmó el hecho, sino que me compartió mĆ”s opciones por revisar. Una de ellas fue ā€œel maestro mielā€ un profesor de primero de primaria quien afirma haber hecho de su oposición al acoso y abuso sexual su causa de vida. Tal es el Ć©xito de este docente que diversos programas de televisión lo han entrevistado, tambiĆ©n da conferencias, cursos, elabora materiales. Su canción en contra del abuso sexual ha alcanzado 81 mil vistas y sus seguidores ya rebasan el millón, es un macro influencer.

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Con lÔgrimas en los ojos, en otro video, el maestro miel señala las múltiples críticas que ha recibido por su activismo en redes. Argumenta que lo hace solo por el amor a los niños y la decisión de protegerlos de cualquier abuso (sic). Este video ha tenido 14 mil vistas y mÔs de mil comentarios.

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A estas fechas, parece ser que el profesor ha dejado la prÔctica docente para dedicarse exclusivamente a su trabajo como influencer educativo. Me parece que hizo bien el profesor en pausar su tarea frente a grupo. Ser influencer es diferente a ser maestro. La función de un maestro no es hacer videos de su grupo para las redes sociales o cruzadas nacionales, por muy importante que sea el tema a defender. Ser docente es estar al pendiente de los niños a nuestro cargo, desarrollar en ellos habilidades orales y de pensamiento; cultivarles el gusto por leer, el oficio de escribir, la capacidad de investigar y trabajar colaborativamente, entre otros.

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A manera de cierre

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En prÔcticamente todos los Ômbitos de nuestra vida las redes sociales dejan sentir su influencia y poder para modelar e influir en conductas y construir un tipo de espectador que, como afirma Carr, no le interesa profundizar sobre ningún tema. El Ômbito educativo no es la excepción. Lo preocupante del caso es que docentes, directores y supervisores conformamos la masa crítica desde la cual abrevan nuestros estudiantes. Tener elementos mÔs refinados para seleccionar nuestro consumo digital es condición para enseñarles a nuestros estudiantes a hacerlo.

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Uno de los objetivos de la escuela en cualquier parte del mundo debería ser la construcción de pensamiento crítico pero ello se convierte en quimera al no tener en nuestra experiencia personal las capacidades para ejercer una prÔctica mÔs informada y exigente de nuestros consumos digitales. No podemos construir habilidades analíticas y juicio razonado en nuestros alumnos si nosotros adolecemos de ello.

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HabrĆ­a que indagar sobre los hĆ”bitos intelectuales que tienen los docentes ā€œfollowersā€, cuĆ”les son, por ejemplo, sus tiempos de lectura versus sus tiempos en redes sociales. A su vez, conocer el nivel de procesamiento crĆ­tico o reflexivo que utilizan con la información que reciben. En suma, habrĆ­a que explorar la formación de nuestros docentes y habilitarlos de mejor manera para que, por continuidad lógica, esta mejora llegue hasta hasta la mente de los niƱos y niƱas.

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