Aprender sin ideología
- Irma Villalpando

- 2 ene
- 5 Min. de lectura
El 25 de diciembre de 2025, el director general de Materiales Educativos de la SEP, Marx Arriaga, publicó en su cuenta de X una convocatoria dirigida al magisterio de educación básica. En ella hizo un llamado a “toda alma libre e insurgente” (sic) a formar comités para defender la Nueva Escuela Mexicana (NEM), los libros de texto gratuitos (LGT) y —de manera explícita— los valores del obradorismo y de la llamada Cuarta Transformación.
La convocatoria no surge en el vacío. Es una reacción a dos hechos recientes que, por sí mismos, evidencian debilidades pedagógicas sustantivas de la NEM.
El primero es la alianza titulada: “México aprende leyendo” suscrita por once secretarías estatales de educación —Sonora (MORENA), Chihuahua (PAN), Durango (PRI), Coahuila (PRI), Nuevo León (MC), Tamaulipas (MORENA), Aguascalientes (PAN), Guanajuato (PAN), Veracruz (MORENA), Yucatán (Morena) y Campeche (MORENA)— con la UNESCO y diversas fundaciones privadas, cuyo objetivo es asegurar que los aprendizajes de lectura y escritura se atiendan de manera consistente desde el inicio de la primaria, es decir, en primero y segundo grados.
La naturaleza del acuerdo resulta relevante en varios sentidos. En primer lugar, por su carácter multipartidista: considero un acierto establecer metas educativas al margen de las distancias ideológico-partidistas. En segundo término, porque reconoce, de manera implícita, que el abordaje del proceso de alfabetización propuesto por la NEM presenta serias limitaciones. Esto es particularmente grave, pues de la consolidación de la lectura y la escritura dependen los aprendizajes subsecuentes. Y en tercer lugar, porque dicha Alianza vale no solo por su orientación pedagógica, sino por su impacto en cerca del 20% de la matrícula nacional en dichos grados. En este contexto, conviene reconocer a la UNESCO, a los gobiernos estatales y a las organizaciones que impulsaron esta iniciativa.
El segundo hecho que, según Marx Arriaga, pone en riesgo a la NEM y a los LTG es la difusión de los llamados “Cuadernos de apoyo curricular para la práctica docente: Desarrollo de habilidades matemáticas”, realizada por la propia SEP.
Esta medida se enmarca en diversas declaraciones del secretario de Educación, Mario Delgado, en las que ha reconocido la necesidad de fortalecer el área de matemáticas dentro de la NEM. Quizá, lo más incómodo para el director de materiales educativos es que dichos cuadernos debieron haber sido elaborados por su propia dirección. Al no ser así, se demuestra que la misma SEP no confía y de plano margina a su director. Con ello es evidente, contrario a lo que dijo la presidenta Sheinbaum, que la SEP no trabaja en equipo, es más trabaja contra el equipo de los materiales educativos. La pregunta es: ¿No es entonces más fácil cambiar al equipo de materiales educativos para evitar esta batalla mediática?
Estamos en el tercer año de implementación de la reforma educativa curricular y, desde sus inicios, diversos especialistas han advertido, una y otra vez, el debilitamiento académico y didáctico de las matemáticas.
Bienvenida esta primera acción de la SEP para enmendar un desatino que, aunque atendido, llega con notable demora. Sin embargo, también es necesario señalar que se requieren muchas más medidas, y de mayor profundidad, para fortalecer un componente de aprendizaje tan relevante en la formación escolar de niñas y niños.
La pregunta que cabe al autor de la convocatoria insurgente es: ¿en qué sentido impulsar la comprensión lectora y el desarrollo del pensamiento matemático puede considerarse una acción contraria a la NEM y a los LTG?
La convocatoria de Arriaga estuvo acompañada de descalificaciones directas y beligerantes hacia grupos internos de la SEP a los que llamó “cloacas” (sic) y acusó de abrir la puerta al neoliberalismo y a la privatización educativa. La afrenta al narcisismo personal institucional debió haber sido muy dolorosa para una calificar a sus compañeros y superiores como “cloacas”.
Desde hace casi tres años, el funcionario ha utilizado un lenguaje denostativo para desacreditar a quienes señalan las debilidades de la reforma y de los LTG, en la convocatoria los ataca bajo el calificativo de “almas corruptas” (sic). Lo que resulta particularmente llamativo es que, en esta ocasión, sus descalificaciones se dirigen también hacia las decisiones de sus superiores. Mario Delgado es el cuarto secretario de Educación bajo cuya gestión ha trabajado Arriaga. Ni con Esteban Moctezuma, ni con Delfina Gómez, ni con Leticia Ramírez había emprendido un nivel de confrontación semejante, al menos no de manera pública.
Lo relevante no es la discrepancia, sino su forma. En cualquier organización, pública o privada, las diferencias de rumbo institucional existen pero se dirimen internamente. Cuando un subordinado confronta públicamente a sus autoridades, suele enfrentar consecuencias. En el caso de Arriaga, esto no ha ocurrido.
En medio de esta disputa, durante una conferencia matutina se le preguntó a la presidenta Claudia Sheinbaum por su postura. Su respuesta puede sintetizarse en dos ideas: por un lado, expresó su respaldo al secretario de Educación, Mario Delgado, afirmando que “está haciendo muy buen trabajo”; por otro, respecto a Marx Arriaga, señaló que “nadie es portador de la verdad absoluta de la 4T” y que es “normal que exista debate interno”.
El detalle es que el debate no es interno, sino público y, con ello, sólo se exhibe que al interior de la SEP hay una disputa por el liderazgo de la SEP y el control del discurso de la NEM. Además, no solo es debate sino insulto público a la institución que le ha confiado sus atribuciones y le paga puntualmente un salario que proviene de las finanzas de los contribuyentes.
Pero más allá de ello, mi mayor incomodidad es que la discusión no debería centrarse en si Marx Arriaga representa o no la voz auténtica de la Cuarta Transformación. La pregunta de fondo es otra: ¿por qué un funcionario educativo convoca al magisterio a defender explícitamente los valores del obradorismo y de la 4T a través de la NEM y los LTG?
La respuesta institucional debió ser inequívoca y contundente: lo que se aprende en las escuelas no le pertenece a una persona, a un partido ni a un movimiento político. Las niñas y los niños no son patrimonio del proyecto político del grupo en el poder, mucho menos de un funcionario, cualquiera que este sea. Los contenidos educativos no deben tener orientación partidista ni responder a la ideología del grupo gobernante.
Resulta preocupante que la discusión pública se desplace hacia quién encarna o no la “verdadera” 4T, en lugar de cuestionar el sesgo ideológico-partidista que se ha incrustado en los LTG y en la propia NEM, derivado de perfiles radicales colocados en lugares estratégicos de la reforma.
La educación básica no debe pensarse desde la lógica de los proyectos políticos de los funcionarios en turno, sino desde la construcción de acuerdos comunes que nuestro proceso civilizatorio ha consolidado. En ese marco existen consensos elementales: que a través de la lectura y la escritura los seres humanos comprenden mejor su mundo; que el lenguaje de la ciencia permite explicar la realidad y enfrentar problemas complejos; y que la escuela debe formar en valores humanos, entre ellos la cultura de paz, el respeto a la diferencia, la cordialidad y la solidaridad. Estos principios trascienden geografías porque forman parte del legado histórico de nuestra cultura y porque permiten una participación plena en el mundo.
Es relativamente normal que los grupos políticos enfrenten tensiones y disputas por liderazgo y poder. Lo que resulta inaceptable es que esas luchas se trasladen al terreno de los contenidos y los aprendizajes de niñas y niños. Ese marco común curricular debe estar blindado frente a cualquier ideología partidista.
Aprender matemáticas, comprender lo que se lee, saber expresarse por escrito y formarse en valores de justicia, democracia y paz le sirven tanto a un niño zapatista como a uno que asiste a una escuela privada; a una niña de Oaxaca como a otra en Helsinki. Precisamente porque en contextos pobres y desfavorecidos el papel de la escuela es aún más decisivo, instrumentalizarla políticamente no solo es un error sino una profunda irresponsabilidad.



Un excelente análisis, gracias por compartir.